Aplicaciones 2.0

http://www.scoop.it/t/web-2-0-for-juandoming/p/771855805/94-aplicaciones-educativas-2-0

LOS DERECHOS DEL LECTOR


Las conclusiones de Daniel Pennac quedaron plasmadas en su conocido decálogo:

Los Derechos imprescindibles del lector

1. El derecho a no leer.
2. El derecho a saltarnos las páginas.
3. El derecho a no terminar un libro.
4. El derecho a releer.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).
7. El derecho a leer en cualquier sitio.
8. El derecho a hojear.
9. El derecho a leer en voz alta.
10. El derecho a callarnos.

EL MAESTRO

Es una memoria histórica que para aquellos que lo vivimos y una lección para que no vuelva a pasar.

Adivinanzas en la historia

Recopilacion de acertijos y adivinanzas extraídas del libro "Enigmas y Juegos de ingenio" de Tim Dedopulos Edit. Debolsillo. Primera edición junio 2011

CEIP Adriano del Valle, experiencia Comunidad de Aprendizaje

El musical de Edutify: Seré más freak que el coordinador

Una de las sorpresas más divertidas que se encontraron los más de 1.000 docentes que asistieron al Encuentro Internacional EducaRed 2011 fue la actuación de los grupos Ron Lalá y Primital Bros. Con sus divertidas letras reclamaron la figura del docente 2.0

CREANDO LA CREACIÓN

Este es un cuento de creación personal para el alumnado de primer ciclo de primaria. Su objetivo, acercarles a la creación del mundo.

CREANDO LA CREACIÓN

La historia que os voy a contar, tiene sus fuentes en un libro muy antiguo que se llama Biblia. Empieza así:
Todo estaba oscuro y no podía verse nada. Entonces EL tuvo una idea genial:
- ¡Qué se haga la luz!
Y la luz se hizo y se extendió por todas partes. Esto era bueno, y aparecieron los días y las noches. Cuando estaba oscuro era de noche y cuando había luz era de día.
- ¡Hum… qué bien, esto me gusta! - se dijo.
Pero al poco tiempo vio que sólo el blanco y el negro eran los que daban color al mundo.
- ¡Me gustaría que hubiese muchos colores, para que todo fuera más divertido!
Y… aparecieron los azules, uno más fuerte para el cielo y otro menos intenso para el agua del mar.
- Ahora está mejor – se dijo
Colores, colores, muchos colores. Y… creció la vegetación con la luz y el agua, apareciendo las plantas verdes, los árboles marrones, las semillas amarillas, los frutos rojos, naranjas, rosas…
Entonces el mundo se llenó de campos de colores.
Pero todavía sentía que faltaba algo y pensó:
- ¡El cielo está solo y el mar también!
Y… comenzó a poblar el cielo de aves y el mar de peces. Aves y peces de muchos tamaños, grandes, pequeños y con muchos colores. Y el cantar de las aves puso música al mundo.
¡Qué contento estaba! Aquello era muy bonito, aunque la tierra no tenía a nadie que corriera por los montes, trepara por los árboles, se escondiera bajo ella.
Y… creo los animales de tierra firme.
- Ya está todo acabado – dijo
Y el mundo siguió viviendo con los seres vivos, con mucho colorido y música.
Pero pasando el tiempo, pensó:
- ¿Quién cuidará de este mundo tan maravilloso?
- ¿Quiénes serán los más responsables?
Y fue estudiando a cada uno de los seres creados:
- Los peces no podrían ser por el hecho de vivir bajo el agua, pues no podrían cuidar de los animales de la tierra ni de las plantas ni de las aves.
- Las aves no pueden ser porque no podrían cuidar de los peces, ya que no pueden vivir bajo el agua.
- Las plantas no pueden ser porque no se mueven de su sitio.
Y… pensando, pensando, pensando, ideó crear un ser vivo que pudiera, andar por la tierra, nadar por el mar y con inteligencia para ir transformando ese mundo. Ese ser ayudaría a las aves, a los peces, a las plantas y a los animales a crecer y desarrollarse.
¿Sabéis quién es? El Hombre.
Y… con esto la Creación del mundo estaba al completo. Por fin todo estaba en su sitio y se dijo:
- ¡Ahora te toca cuidarlo a ti!

LA CASARES DE BLAS INFANTE

Vídeo fotográfico del Casares actual como homenaje a unos de sus vecinos más ilustre.

LAS DECISIONES DEL SEÑOR BUHO

 J.L. Blanco Vega s.j.

Las decisiones del señor Búho

El señor Búho tenía los ojos redondos y grandes como yemas de huevo. EL señor Búho gozaba de fama de sabio entre la pajarería del bosque. No sabía hablar como los loros y las cotorras, pero resultaba, en cambio, mucho más serio. Se pasaba las noches encima de un árbol, con los ojos abiertos de par en par, escrutando las tinieblas.

Cuando la señora Búho puso el primer huevo, el cabeza de familia sentenció gravemente: “Ejem... Tendremos un niño que será sabio como yo”.

El buhito, contra todos los pronósticos de su progenitor, resultó un pájaro triste y poco aficionado a la ciencia. Sus ojos eran también amarillos y grandes, pero, mientras los del señor Búho se mantenían alerta durante toda la noche, los suyos comenzaban a cargarse de sueño a la caída del sol.

- Ejem... Un búho jamás duerme por la noche.

- ¡Y qué quieres que haga si me caigo de sueño!

- ¡Vas a ser la vergüenza de la familia!

- “Yo me he hecho un hombre con duros esfuerzos y no estoy dispuesto a que tú me defraudes ante la opinión pública”.

El buhito fue enviado a un colegio de pájaros graduados, que era una especie de colegio de nobles en la organización escolar del bosque. Un día, el señor director se creyó en el deber de prevenir a papá búho: “Mucho me temo que su vástago no pueda continuar los estudios. No muestra especial aptitud para la ciencia. No le interesa la astronomía, ni la trigonometría, ni el cálculo infinitesimal. Sólo hay una cosa que le apasiona: silbar. ¿Y usted le ha oído? Es maravilloso”.

- Lo que ocurre es que usted es un inepto y mal pedagogo. Presentaré una denuncia. Mi hijo es un genio, como su madre y yo; y no estoy dispuesto a que se hagan recaer sobre su talento las deficiencias del sistema pedagógico de este centro.

El señor Búho, con los ojos más amarillos que nunca, se llevó al chico a casa. Pero en cuanto llegaron a la cima del árbol, le propinó una paliza descomunal. “¡A mí no me dejas en ridículo delante de nadie! Si no sacas la carrera por las buenas, la sacas por las malas, y de eso me encargo yo”.

El buhito recibió lecciones particulares; le graduaron la vista, le compraron unas gafas y siguió cayéndose de sueño al ponerse el sol.

Y cuando el señor Búho se iba a dormir, entonces el buhito se colocaba en lo más alto del árbol y comenzaba a silbar...

Y el bosque guardaba silencio y todos se ponían de pie, para escucharle.

EL PAYASO QUE NO SABÍA HACER REIR

Margarita Ortega González "Cuentos para lectores sin edad"

EL PAYASO QUE NO SABÍA HACER REIR
Érase una vez en un circo un payaso que estaba cansado de tener que hacer reír cada día.     "Yo siempre tengo que hacer reír a los demás, pero hay días que estoy triste y no tengo ningunas ganas de hacer gracias", pensaba el payaso de aquel circo.
    "Con lo bonito que debe ser hacer de domador, o de trapecista, o de hombre forzudo, que son trabajos que igual los puedes hacer cuando estás triste o cuando estás contento", pensaba.
    Así que un día en plena representación se disfrazó de domador y se metió en la jaula de los leones. Pero, ¡ay!, cuando vio que los leones abrían aquellas bocazas con aquellos dientes tan grandes, se asustó mucho y se salió de la jaula. Entonces la gente empezó a reírse.
    Entonces decidió hacer de trapecista. Pero como no tenía ni idea, cayó sobre la red y la gente otra vez sin parar de reír.
    Se salió de la red y cogió unas pesas muy grandes, aquellas con dos bolas que utilizaba el hombre forzudo, y empezó a hacer  fuerza para levantarlas. Las bolas de hierro ni se movían pero él llegó a hacer tanta fuerza que le saltaron todos los botones y los pantalones se le cayeron al suelo. La gente se mondaba de risa con el payaso.
    Y tanto y tanto se rieron que el payaso comprendió que lo que le salía mejor era hacer reír a los demás.
    Y desde aquel día siempre hizo de payaso.