El catecismo de Wert

El catecismo de Wert

De todos los sueños utópicos el más peligroso ha resultado ser la enseñanza pública. ¡Qué derroche de profesorado, de tiza, de aulas, becas e investigación!  

25 MAY 2012 - 20:34 CET

Ya es oficial: no eran nuestros gastos los que estaban por encima de nuestras posibilidades sino nuestras ideas. Wert es el ministro que mejor lo ha entendido y ha elaborado un explosivo cóctel mezcla de recortes económicos, prejuicios políticos y un marcado sectarismo ideológico. A partir del próximo curso las escuelas no enseñarán respeto alguno a las opciones sexuales, se considerará un único modelo de matrimonio o de familia y se suprimirán las referencias a la homofobia o al machismo en los manuales de Educación para la Ciudadanía. Respetar las diferentes opciones sexuales y fomentar la igualdad eran un peligroso adoctrinamiento para las mentes adolescentes que deberían tener claros los diferentes roles sociales masculinos y femeninos, o como diría Gallardón, de mujer-mujer y hombre-hombre.
Los valores de la paz, el diálogo y de la convivencia serán sustituidos por un cántico a la propiedad privada y a la actividad empresarial, para mayor gloria de los mercados que dominan nuestras vidas. Se eliminarán los temas que explican las causas de la pobreza y se intentaba instruir al alumnado en los peligros del nacionalismo excluyente, o sea, de todo tipo de nacionalismo que no haga ondear la bandera española, pero el ceño fruncido de sus únicos socios ha modificado el texto, que no el contexto de este catecismo.
No fuimos conscientes del dispendio que suponía tratar a los seres humanos como tales y brindarles los cuidados sanitarios sin preguntarles su raza, su procedencia o su condición social. Estoy segura de que, al menos, un euro de cada mil se malgastaba en semejantes utopías propias de los que pensamos por encima de nuestras posibilidades. Por eso, tampoco la xenofobia o el racismo serán combatidos en las aulas. Nuestras ideas deben ser productivas y normativas, lejos de todo ideal comunitario; deben contribuir a aumentar la propiedad y ahuyentar el altruismo; deben fomentar el conformismo social y desterrar la conciencia crítica.
De todos los sueños utópicos el más peligroso ha resultado ser la enseñanza pública. ¡Qué derroche de profesorado, de tiza, de aulas, becas e investigación! Más horas, más alumnos, menos profes, menos salarios son una solución perfecta que tiene el aval indiscutible de 40 años de franquismo.
El ministro de Educación proclama que la enseñanza es obligatoria y gratuita solo hasta los 16 años, aunque con una pequeña reforma los jóvenes de 15 con dificultades podrán salir del sistema. Nos anuncia que paulatinamente habrá que pagar el 100% del coste de la enseñanza, desde el bachillerato y los ciclos profesionales hasta la Universidad. La enseñanza superior —nos sugiere— es un lujo de una sociedad enferma que soñó con trasladar la igualdad de oportunidades a las aulas. Se instalarán en las universidades barreras que solo se abrirán con el tintineo del money, money. No obstante, admitirán algunos genios sin ingresos a los que recordarán continuamente la generosidad que se les brinda.
Como ven eran nuestras ideas, que no nuestros gastos, las que estaban por encima de sus intereses. Nos repiten que es preciso erradicar y abominar de todo concepto de igualdad porque, indefectiblemente, nos lleva a aumentar el gasto público. El egoísmo y la segregación, por el contrario, son doctrinas económicas y restrictivas. Para esta operación se hace preciso amputar las conciencias, adormecer los sentimientos, criminalizar los conflictos y confrontar al que tiene poco con el que no tiene nada.
Con este mandato enviaron comisarios que han podido verificar la debilidad de nuestras instituciones, el conformismo de nuestros políticos y la fragilidad de nuestra propia conciencia. Su informe aconsejaba una intervención rápida seguros de que los costes serían mínimos.
Por eso, en pocos días, acaban de embargar nuestros sueños. Han cerrado la puerta de los servicios públicos a todos los que, sin ser yo, formaban parte de mi esperanza. Solo esa marea verde llena de voces jóvenes y rejóvenes sigue actuando por encima de sus posibilidades y pidiendo antorchas para iluminar estos tiempos oscuros.

La fotografía como herramienta didáctica



Esta es la experiencia de un Grupo de trabajo del IES El Carmen de Cazalla de la Sierra, realizado en el curso 2011-2012.

Errores de padres en su afán por que sus hijos lean


Errores de padres en su afán por que sus hijos lean
¿Por qué a muchos niños no les gusta leer? Quizá toda la culpa no la tengan la televisión y las consolas.
«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?
No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.
No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.
La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.
¿...y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.
No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que para el niño no se sienta en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?
No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» como se enamoró de la literatura: «No recuerdo que me padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown...». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.
No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola...
Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.

Ponencia: La búsqueda de la vida en Blas Infante a través de Cuentos de animales

Ponencia "La búsqueda de la vida en Blas Infante a través de Cuentos de animales, presentada por María Jesús Naranjo Infante en el II Simposio "Blas Infante inexplorado" en Jaén en noviembre de 2010.



Entrevista a María Jesús Naranjo Infante

Entrevista a María Jesús Naranjo Infante por Uniradio, la radio de la Universidad de Jaén con motivo de la Ponencia "La busqueda de la vida en Blas Infante a través de "Cuentos de animales".



Presentación de la ponencia La búsqueda de la vida en Blas Infante a través de “Cuentos de animales”

Presentación de la ponencia en el II Simposio "Blas Infante inexplorado" en noviembre de 2010 en Jaén.

La búsqueda de la vida en Blas Infante a través de “Cuentos de animales”






Adaptación del cuento Los amores de la hermana loba y el perro Preferio

Una adaptación del cuento de Blas Infante "Los amores de la hermana loba y el perro Preferio" que forma parte del libro "Cuentos de animales". En el año 1921 vio la luz por primera vez y posteriormente ha sido reeditado dos veces en 1984 por la Fundación Blas Infante y en 2011 por la Diputación de Sevilla.



CUENTOS DE ANIMALES DE BLAS INFANTE


SIPNOSIS
La búsqueda de la vida en Blas Infante a través de “Cuentos de animales”

Desde aquellos años de infancia en los que ya cuentan sus convecinos que tenía un perro, a su humanidad de recoger a un pequeño zorro, criarlo y tenerlo como mascota, hasta llegar a elaborar unos mandamientos para los animales, son hechos que pone de manifiesto la amplia dimensión humanista y lo avanzado del pensamiento de Blas Infante, que en varias de sus publicaciones defendió la necesidad de vivir en armonía con el medio. En “Cuentos de animales” nos acerca a su concepción de la libertad, del amor, de la naturaleza, de la esencia de la vida
  Blas Infante titula la obra “Cuentos de animales”, pero atendiendo a su estilo literario bien podría tratarse de fábulas, por ser composiciones literarias en las que los personajes son animales que presentan características humanas y que concluyen con una enseñanza de carácter instructivo. 

 Si atendemos a las características del cuento, esta obra de Infante mantiene en sí la composición estructural del cuento, con una introducción o planteamiento, donde se presentan los personajes y lo que es lo que se quiebra o altera en el nudo, sentando las bases para que el nudo tenga sentido. Un desarrollo o nudo, donde surge el conflicto, la historia toma forma y suceden los hechos más importantes y así el nudo surge a partir de un quiebre o alteración de lo planteado en la introducción. Y el desenlace o final, donde se suele dar el clímax, la solución a la historia y finaliza la narración. Incluso en los textos con final abierto, hay un desenlace. 

 Fábula o cuento, cuento o fábula, de ambas toma parte de estructura y características, de ambas extrae la proyección educativa y didáctica y por ambas pretende manifestar al pueblo su proyecto de pensamiento esperanzador. Esta obra, fruto de un Infante maestro y pedagogo, fábula o cuento, bebe de las fuentes de la literatura clásica, intelectualidad coetánea, de los recuerdos de su niñez (las fábulas de Esopo, Samaniego, los cuentos infantiles…) y que tiene como finalidad el traducir a un lenguaje narrativo, “sencillo”, “popular” y “cotidiano” (lo entrecomillo, porque estás características serían para el autor un lenguaje natural, pero para el lector ese lenguaje es culto) la parte de su pensamiento más esencial: su concepción del humanismo y su relación comprometida con su realidad.

 
Los amores de la hermana loba y la traición del perro Preferio. Esta fábula, pone de relevancia la lealtad, cómo con distintas astucias se puede modificar la conducta del ser y al final, cuando se da cuenta del error es tarde. La trampa es sacarle de sus convicciones, manifestarle abiertamente lo que se niega a pensar, diciéndole que le están explotando. La lucha consigo mismo, la lucha de la minoría frente a la mayoría, la lucha de los más fuertes contra los débiles y la lucha por ser uno mismo en tantas situaciones como la vida te exponga. 

 
Historia de un ratón vulgar. El cuento en sí es un canto al amor y la convivencia entre una pareja, Múrido y Musa y su construcción de una familia. Es un canto a los padres y su preocupación por la supervivencia de sus hijos y sobre todo es un canto a la libertad de vivir en compañía, pese a las graves vicisitudes que en el devenir de la vida puede surgir:  ser independiente de la familia y formar una nueva; la construcción de un hogar seguro;  la búsqueda del sustento diario;  el enfrentamientos con seres superiores;  la nueva familia humana que se instala en su patria; el descubrimiento de la música; el  enfrentamiento al mundo de las ratas y turones (su propia tribu múrida); las nuevas experiencias fuera de su hogar; el encuentro con sus congéneres de su familia natural; la caída en manos de la muerte y… la vida sigue para los demás que han de enfrentarse a nuevas situaciones. Infante revela aquí la muerte como símbolo de natural vivir, de la naturaleza misma de la existencia.

 
El cuento de las tres cigarras En este cuento hemos de “quitarnos el sombrero” ante la magnificencia del mismo. Desde sus primeros vocablos hasta el último es un canto a la vida, a la libertad y sobre todo a la supervivencia. De los tres es el más profundo, el que mejor expresa el pensamiento del autor sobre la vida y el que pone de relieve la gran cultura que ya poseía Infante. Tres maneras distintas de manifestar el ansia de vivir por sí y para los demás: una de intentar llegar a ser y donde los demás no lo permiten; otra una vez llegada a ser, los demás no permiten que el desarrollo sea pleno y la última, una vez llegada a ser y desarrollarse tras muchas experiencias, la esperanza de Mi padre no ha muerto porque vivo yo” que es lo que siempre se anhela, es lo que prevalece.

 
Y este pequeño intento de adentrarnos en los pensamientos de un hombre que su razón de ser no fue otra que vivir para ser continuador de nuestra propia existencia, que su obra le llevó a estudiar la utopía con ilusión y que con su muerte siguió manifestando que nuestra verdad había nacido para no morir jamás, ha de concluir con sus propias palabras de esperanza:

“… mientras que en cualquier espacio reste una forma que venga a servir de instrumento a la creación de esta única esperanza…! Porque la muerte puede llegar a aumentar, con el número de los peligros, sus agentes destructores. Pero, correlativamente a estos aumentos, viene la vida a multiplicar, más aún, con infinito número de huevos o de gérmenes, las garantías de su inmortalidad para el triunfo definitivo”. (“Cuentos de animales” de Blas Infante. Cádiz, 1984. Ediciones S.M. Fundación Blas Infante, página 156.)

GRACIAS DON BLAS. SUS PALABRAS IRRUMPEN EN NUESTROS CORAZONES.

María Jesús Naranjo Infante

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EL CIERVO HERIDO

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